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Últimamente Dr Frank
ha pensado en Cristy, su psicóloga. Nunca pudo superar verla tan deteriorada,
luego de que el destino, se ensañara con su salud. Era una de esas personas que
cualquiera vería como invencible, como imposible de verla flaquear. Tal vez, la
misma sensación de tristeza, lo alejó, y solo la visitó un par de veces. Ya no
era la misma, y en el fondo, solo estaba su consciencia parcialmente.
Hoy se arrepiente,
por su puesto, de no haber estado presente, de no ver el abismo al que ella iba
cayendo. Conociéndola, como la conocía, muy seguramente Cristy siempre
vislumbró su posible final, y de alguna manera, sería parte de su aprendizaje.
Tratando de recordar
lo que sucedió en su última cita, hace tal vez unos 13 o 14 años, Dr Frank
sintió la necesidad de escribirlo.
Era de noche. El
entonces joven galeno Frank A. Quijano, trataba de mantener la estabilidad de
su pequeña embarcación, en medio de la tormenta. La fuerte lluvia golpeaba su
rostro, y un viento intenso amenazaba con arrojarlo al mar. A pesar de la
oscuridad, se divisaba una llama a lo lejos, tal vez de una fogata, en la
entrada de una cueva, era difícil precisarlo.
- “¿Por qué vas a
esa isla, Frank?”, preguntó Cristina.
- No lo sé, intento
descifrarlo, tengo que llegar.
- ¿Estás cerca?
- Si, pero hay una
gran tormenta, y las olas intentan alejarme de la orilla.
Cristina notó que su
paciente comenzó a sudar profusamente, su frecuencia respiratoria aumentó, su
piel se tornó pálida y febril.
-Creo que es hora
de regresar, dijo Cristina.
-No, por favor! me
ha costado bastante llegar a este punto, estoy cerca, tengo que lograrlo.
En el fondo
Cristina sabía que Frank, debía llegar a su destino. Era la primera vez que
lograba avanzar tanto, y no era seguro que volviera a tener esta oportunidad,
sin embargo, su integridad estaba primero, debía protegerlo, traerlo de vuelta.
Frank trató de remar más rápido, su respiración se entrecortó, la lluvia
escondió la isla, parecía haber perdido el rumbo, y súbitamente, sintió que su
cuerpo se desvanecía, perdió las fuerzas, y cayó al mar.
-Contaré en forma
regresiva de 10 a 1, y entonces, estaremos nuevamente, sanos y salvos en el
consultorio. 10, 9, 8…
Frank se hundía
lentamente, y alcanzó a sentir como sus pulmones se llenaban de agua salada, y
como corroía sus bronquios y su garganta, alcanzó a pensar que tal vez, era
mejor así...
-3, 2, 1…
Bienvenido de vuelta.
Frank se despertó
de un golpe, comenzó a toser intensamente, se agarró el pecho, estaba confundido,
contrariado, su cabeza quería reventar de dolor, la boca estaba seca, y sentía
su cuerpo hervir.
-
¿Cómo te sientes? No te ves bien.
Aún se sentía el
olor a incienso, y el sonido de una música instrumental tenue, le hizo caer en
cuenta, donde estaba. Era como si hubiera despertado de una terrible pesadilla.
- - ¿Quieres tomar algo?
Frank no dijo
nada, sintió una mezcla de rabia, impotencia y decepción. Se levantó del
sillón, tomó su mochila y se fue del consultorio.
Cristina lo
entendía perfectamente. Ya eran varios años acompañándolo. Sabía de su batalla.
Necesitaba tiempo para entender, para seguir buscando las respuestas. Ya habría
otras sesiones, o al menos, eso era lo que ella imaginaba.
De repente un
viento helado entró por la ventana, e hizo volar algunos papeles que estaban en
el escritorio. Nubes grises se divisaban en el cielo. Cristina volteó, sintió
que su cuerpo se erizaba, y un fuerte vacío en el pecho, le alcanzó a cortar
brevemente la respiración. No era la primera vez que pasaba, pero si tal vez, la
sensación más extraña que había experimentado. Cristy lo percibía todo, su
sensibilidad era superior, su capacidad de conectar con los demás, la hacía
fuerte, y vulnerable al mismo tiempo.
Ella lo sabía. El
mal estaba cerca. Al joven Dr Frank, se le acababa el tiempo…
@ederhernandezmd

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