Capítulo 4: Una historia sobre Cristy

 

 Foto: pixabay.com


Últimamente Dr Frank ha pensado en Cristy, su psicóloga. Nunca pudo superar verla tan deteriorada, luego de que el destino, se ensañara con su salud. Era una de esas personas que cualquiera vería como invencible, como imposible de verla flaquear. Tal vez, la misma sensación de tristeza, lo alejó, y solo la visitó un par de veces. Ya no era la misma, y en el fondo, solo estaba su consciencia parcialmente.

Hoy se arrepiente, por su puesto, de no haber estado presente, de no ver el abismo al que ella iba cayendo. Conociéndola, como la conocía, muy seguramente Cristy siempre vislumbró su posible final, y de alguna manera, sería parte de su aprendizaje.

Tratando de recordar lo que sucedió en su última cita, hace tal vez unos 13 o 14 años, Dr Frank sintió la necesidad de escribirlo.

Era de noche. El entonces joven galeno Frank A. Quijano, trataba de mantener la estabilidad de su pequeña embarcación, en medio de la tormenta. La fuerte lluvia golpeaba su rostro, y un viento intenso amenazaba con arrojarlo al mar. A pesar de la oscuridad, se divisaba una llama a lo lejos, tal vez de una fogata, en la entrada de una cueva, era difícil precisarlo.

- “¿Por qué vas a esa isla, Frank?”, preguntó Cristina.

- No lo sé, intento descifrarlo, tengo que llegar.

- ¿Estás cerca?

- Si, pero hay una gran tormenta, y las olas intentan alejarme de la orilla.

Cristina notó que su paciente comenzó a sudar profusamente, su frecuencia respiratoria aumentó, su piel se tornó pálida y febril.

-Creo que es hora de regresar, dijo Cristina.

-No, por favor! me ha costado bastante llegar a este punto, estoy cerca, tengo que lograrlo.  

En el fondo Cristina sabía que Frank, debía llegar a su destino. Era la primera vez que lograba avanzar tanto, y no era seguro que volviera a tener esta oportunidad, sin embargo, su integridad estaba primero, debía protegerlo, traerlo de vuelta. Frank trató de remar más rápido, su respiración se entrecortó, la lluvia escondió la isla, parecía haber perdido el rumbo, y súbitamente, sintió que su cuerpo se desvanecía, perdió las fuerzas, y cayó al mar.

-Contaré en forma regresiva de 10 a 1, y entonces, estaremos nuevamente, sanos y salvos en el consultorio. 10, 9, 8…

Frank se hundía lentamente, y alcanzó a sentir como sus pulmones se llenaban de agua salada, y como corroía sus bronquios y su garganta, alcanzó a pensar que tal vez, era mejor así...

-3, 2, 1… Bienvenido de vuelta.

Frank se despertó de un golpe, comenzó a toser intensamente, se agarró el pecho, estaba confundido, contrariado, su cabeza quería reventar de dolor, la boca estaba seca, y sentía su cuerpo hervir.

-         ¿Cómo te sientes? No te ves bien.

Aún se sentía el olor a incienso, y el sonido de una música instrumental tenue, le hizo caer en cuenta, donde estaba. Era como si hubiera despertado de una terrible pesadilla.

-         - ¿Quieres tomar algo?

Frank no dijo nada, sintió una mezcla de rabia, impotencia y decepción. Se levantó del sillón, tomó su mochila y se fue del consultorio.

Cristina lo entendía perfectamente. Ya eran varios años acompañándolo. Sabía de su batalla. Necesitaba tiempo para entender, para seguir buscando las respuestas. Ya habría otras sesiones, o al menos, eso era lo que ella imaginaba.

De repente un viento helado entró por la ventana, e hizo volar algunos papeles que estaban en el escritorio. Nubes grises se divisaban en el cielo. Cristina volteó, sintió que su cuerpo se erizaba, y un fuerte vacío en el pecho, le alcanzó a cortar brevemente la respiración. No era la primera vez que pasaba, pero si tal vez, la sensación más extraña que había experimentado. Cristy lo percibía todo, su sensibilidad era superior, su capacidad de conectar con los demás, la hacía fuerte, y vulnerable al mismo tiempo.

Ella lo sabía. El mal estaba cerca. Al joven Dr Frank, se le acababa el tiempo…

 

 In memoriam, Dra Cristina Field


@ederhernandezmd


Comentarios